El verano 2022/2023 quedará grabado en la memoria de los habitantes del extremo sur de América. Argentinos y chilenos recordarán esta temporada como la más larga y agobiante que han vivido, con olas de calor históricas por su persistencia, extensión territorial y valores extremos. Además, por los impactos sociales y ambientales cada vez más evidentes.
Los datos de los organismos oficiales respaldan la percepción social. En Argentina, las olas de calor comenzaron incluso antes de que inicie el verano meteorológico, que comprende el trimestre de diciembre, enero y febrero. Temprano, en noviembre, se registró el primer evento de temperaturas máximas extremas. Y en marzo, cuando el verano meteorológico ya había terminado, se registraron dos eventos más.
En total, 10 olas de calor afectaron Argentina. Un número fuera de escala si se considera que, en promedio, en una temporada estival suelen darse entre 4 y 5 períodos que alcanzan y superan los umbrales para considerarse ola de calor. Estos son umbrales de temperaturas mínimas y máximas extremas (asociados al percentil 90) que varían según cada localidad. Cuando las temperaturas superan estos umbrales por 3 días consecutivos, se considera período de ola de calor.
De acuerdo al Servicio Meteorológico Nacional de Argentina, el verano 2022/23 fue el verano más cálido jamás registrado, con una temperatura media promedio de 1,3°C por encima de lo normal. Además, marzo de 2023 fue el marzo más cálido de la historia.
Con 2 eventos sucesivos de ola de calor (en marzo) que afectaron gran parte del centro y norte del país, varias ciudades batieron su récord de temperatura tanto mínima como máxima más elevada. Por ejemplo, la capital Buenos Aires llegó a tener 28°C de temperatura mínima y 38,9°C de temperatura máxima. Se trata de valores extremos, ya que superan por al menos 10 grados lo que se considera normal para un mes de marzo.
Chile extremo
En Chile la situación fue similar. Según informó la Dirección Meteorológica de ese país, durante el trimestre diciembre-febrero, tanto la temperatura máxima como la temperatura mínima registraron anomalías positivas, y si bien este patrón se extendió por casi todo el país, las mayores intensidades se registraron en la zona centro-sur.
Fue, ciertamente, “el verano más cálido en los últimos años”, como lo definió el Organismo en un informe oficial. El verano tuvo picos históricos durante enero y febrero. En particular, febrero de 2023 fue el febrero más cálido en la historia de Chile, con temperaturas que alcanzaron y superaron los 40°C en gran parte de la zona central y sur del país.
Si se consideran los registros desde 1961, el verano 2023/2023 fue el más cálido en Santiago, Curicó y Temuco, entre otras ciudades de la zona centro-sur.
El 60% de los Alertas Rojas por temperatura extremas que se han emitido en Chile fueron en los últimos 10 años, lo que demuestra una tendencia sin precedentes en la historia reciente y presenta un gran desafío a escalas nunca antes analizadas.
Amenazas múltiples e impactos potenciados
El intenso calor que registraron ambos países resultó un agravante para otras dos problemáticas: los incendios forestales y la sequía extrema que ambos países vienen registrando.
Los incendios forestales en Chile fueron dramáticos durante el verano y afectaron un 40% más de superficie que la temporada anterior. Sólo durante febrero, se quemaron 300.000 has sobre las regiones de Biobío y la Araucanía.
En Argentina, las altas temperaturas llevaron al extremo el consumo energético, que ocasionó el colapso de los sistemas de distribución y la suspensión del servicio que afectó a miles de ciudadanos durante varios días consecutivos. El malestar social se expresó en las calles con manifestaciones y cortes de autopistas por parte de los afectados.
La sequía extrema que registran ambos países, en gran parte como consecuencia de tres años consecutivos del fenómeno La Niña, también favorece la ocurrencia de eventos extremos de calor, dado que un suelo seco y sin humedad absorbe más radiación y favorece el aumento de las temperaturas.
Una de las manifestaciones más evidentes del cambio climático es el aumento en la frecuencia y la intensidad de los fenómenos extremos. Esto significa, por ejemplo, que un fenómeno cuya tasa de recurrencia solía ser de 1 vez cada 10 años, tiende a ocurrir cada menos tiempo. Es lo que está sucediendo a nivel global, con expresiones locales como este verano histórico en el extremo sur de América.



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